|
Sangre oscura
La escena que abre la película es una inmejorable introducción de lo que vamos a ver a continuación: un lugar abierto al público, pero que una vez cerrado guarda el más tenebroso de los infiernos, una amistad falsa, muestras de respeto inútiles, tensiones, miedos, dudas, traición, sangre y muerte. Todo ello condensado en unos pocos minutos de forma brutal e implacable, un aviso y preparación para el tortuoso recorrido por el que nos va a guiar Cronenberg.
La historia está trazada por un espléndido guión, que recurre a cuatro lugares fundamentales: la casa donde vive Naomi Watts, el hospital, el restaurante y el pequeño puerto adonde van a parar los "desechos" del negocio. En esos cuatro escenarios el guión construye la trama, en ocasiones desviándola por otros sitios, como la escena de los baños públicos, y lo hace con una ejemplar sencillez que esconde una notable complejidad, haciendo hincapié en la división del mundo de la gente corriente y el otro, lo que viene siendo nuestro lado civilizado, y el sombrío, el salvaje, el que tanto miedo nos da.
Estos magníficos elementos han caído en las expertas manos de Cronenberg, alguien que ya demostró en la más que buena "Una historia de violencia" que tenía una gran capacidad para mostrar lo turbio, lo violento. Aquí acentúa si cabe la oscuridad, la potencia, y la tensión de la anterior, sirviéndose de una violencia crudísima, que para mí gusto se pasa de excesiva en puntos concretos, pero muy pocas veces, siendo la mayoría de esas veces nada gratuita y necesaria.
Sin embargo, parece que los personajes se dejan en un segundo plano, quedándose desdibujados (en especial el de Naomi Watts), confiados a los actores. Viggo Mortensen pone en su papel luces y sombras, un gran trabajo; Naomi Watts, guapísima y pedazo de actriz; y Armin Mueller-Stahl, actor que desconocía y que aquí me deja helado.
La definición de cuento que recibe esta película me parece muy acertada. No nos muestra moralejas , ni conclusiones; se nos cuenta la historia y el director desaparece, deja un hueco para que el espectador saque sus conclusiones, juzgue por sí mismo. Un cuento implacable, sin concesiones, que deja huella. Muy buena.
GVD 
|