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El cine necesita a Antonio Hernández
En pleno siglo XXI, donde aparentemente la censura ya no existe, se produce un nuevo tipo de traba para el creador mucho más sutil, pero no menos efectiva: la censura por omisión. Se puede filmar lo que se quiera, pero si luego nadie lo va a exhibir, es como si no existiera. Pasa en todas las formas de arte. Se puede componer cualquier tipo de música, pero si nadie la va a editar, esa música no existe. Es, por tanto, una censura encubierta. Atrás quedaron los tiempos en los que el arte era un artefacto, no solo mera diversión.
Antonio Hernández, cuya primera película, F.E.N., de 1979, es una de esas obras maestras ocultas del cine español que nunca serán suficientemente elogiadas, demuestra ser un creador valiente, porque a pesar de esa censura por omisión que marca la época actual, y que, aunque resulte paradójico, no existía en 1979 (vienen a la memoria nombres tan variopintos como el de Paulino Viota, Iván Zulueta o el mismísimo Eloy De La Iglesia) se atreve a mostrar en la pantalla toda la inmoralidad que requiere la historia que se cuenta.
No entiendo por qué ha habido que esperar a que finalizara la campaña electoral en España para poder ver el estreno de esta película. Tampoco entiendo por qué su exhibición en cines va a ser (y ojala me equivoque) bastante limitada. Me temo que es uno más de esos síntomas de censura por omisión a los que me refería antes. Pero El Menor De Los Males es una obra de valor incalculable para los tiempos que corren.
Si le doy un 9, y no un 10, es porque a la trama le cuesta un poco arrancar. Los primeros minutos de metraje transitan entre varios géneros de forma, a mi modo de ver, innecesaria. Pero una vez que despega, El Menor De Los Males es un artefacto imparable, efectivo y sin concesiones. De una fuerza fílmica arrolladora.
En algunos momentos, el estilo de Antonio Hernández aún me recuerda a F.E.N. Cuanto más me recuerda, más me gusta. Por eso me gustó tanto En La Ciudad Sin Límites, y por eso me gusta El Menor De Los Males. En especial, ese epílogo en el que se trata, infructuosamente, volver a la normalidad después de toda la tormenta, es muy parecido al de F.E.N.
Sólo espero que todavía podamos disfrutar de muchas películas así en un momento en que la globalización llega, incluso, a un mundo que en otra época estaba lleno de activistas: el de la Cultura.
¡Bravo!
Chavo
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