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God save the comedy
El humor británico siempre ha sabido renovarse con el paso de los años, y últimamente, esta renovación se produce sobre todo en televisión, con series como Little Britain o The IT Crowd, aunque también alcanza al cine, donde hay una pareja que se desmarca del resto en lo que a humor se refiere. No hablo de otra cosa que del brillante Simon Pegg y su compañero de fechorías, Edward Wright, y que hace unos años metieron en una coctelera todas las referencias del género zombi pariendo una de las mejores comedias paródicas como era Shaun of the dead, que, aparte de ser una divertidísima cinta, hablaba de cómo un joven debe asumir responsabilidades y dejar de holgazanear, vuelven a entregarnos una pequeña joya en forma de película de acción que lleva camino de convertirse en gran película de culto, como es Arma fatal, siendo una especie de decálogo irónico del cine de acción más rancio, ese que se produjo entre finales los 80 y comienzos de los 90, y que tenía al Mel Gibson, Bruce Willis y Patrick Swayze como estrellas absolutas.
Cogiendo un poco de cada película del género, esas de argumentos ridículos soslayados por la escenas de acción, van hilvanando una trama tan ridícula como aquellas que parodiaba, contando con el absurdo como su principal arma, aunque no sólo se centra en mofarse de las imposibles películas de acción, si no que también es una sonora bofetada a todo aquel costumbrismo inglés que vemos en las postales, esos pueblecitos pequeños y apacibles, con casas pequeñitas y sus fiestas parroquiales, que normalmente suelen ocultar demasiadas mentiras. La primera hora de película transcurre en un suspiro, entre disparatadas acusaciones y el pasotismo de la policía local, que se tornan en un falso y mal explotado suspense de mitad hacia delante, para concluir con un catártico-burlesco final de pseudowestern que logran elevar, nuevamente, el absurdo a categoría de absoluta genialidad.
Sabedores de lo ridículo de su propuesta cómica, Pegg y Wright no se preocupan de dotar de interés a la trama principal, reduciendo la estructura a un golpe cómico tras otro, contando con un pobre desarrollo, que hace que, al llegar la segunda hora de película, la cinta caiga en el tedio y sólo un par de puntos cómicos salven la función, dando al traste con la primera y brillante parte de la película. Cuando la historia pretende volverse más seria, dentro de lo absurdo, no consigue tanta fuerza y se reduce a un par de escenas que no logran dar interés a esa trama, y que, pudiendo interpretarse como una parodia de esos thrillers de malo rebuscado, no logra convencer. El interesante reparto, donde están muchos rostros conocidos del último cine británico, retrata lo más pintoresco y bufonesco del género de acción, especialmente un divertidísimo Nick Frost, repitiendo su papel de vago inocentón de Shaun of the dead, y son un contrapunto perfecto para el genial protagonista, probablemente, el Harry el sucio británico.
Tony Montana 
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