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La reivindicación de los gordos
Tal vez sean el dúo con más química en la historia de los mamporros, patadas, bofetones y puñetazos. Da lo mismo cual fuera la historia que nuevamente los uniera (olvidables casi todas), porque el asunto primordial era reírse con las palizas que siempre les propinaban a un montón de matones, alcahuetes y mafiosos.
El gran guatón Montero, inseparable y robusto compañero de colegio, encontró en Bud Spencer al primer gordo cinematográfico que no era relegado al papel de bufón o de artista secundario y en una época en que muchos buscan referentes en algún vecino o en el deportista destacado del momento, el gran Montero descubrió que sus kilos demás podían ser una ventaja y que en ciertos casos inevitables, al igual que Bud Spencer, podía hacerse respetar por medio de la fuerza. Es por ello que al menos una vez al mes, hace ya tanto tiempo, un grupo de escolares se juntaba a ver las aventuras de esta pareja y mientras casi todos preferíamos ser ágiles y afortunados con las mujeres como el rubio Terence Hill, sólo uno, el más robusto de todos, a ojos cerrados prefería imitar al enorme Bud Spencer.
pancho carilao 
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