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DOLOROSA
Ambientada en la Italia de la posguerra, y cargada de un sentimiento puro y realista de impotencia, este peliculón de Vittorio De Sica tiene la principal virtud de sacarle muchísimo jugo a una historia muy sencilla. Con un gran trabajo del reparto y de los guionistas, se erige como una de las cintas más importantes del cine italiano. Tiene motivos.
Como antes decía, el director toma como base una sencillísima historia: la de un parado que, milagrosamente, consigue un trabajo como fijador de carteles. El único requisito para desempeñarlo es contar con una bicicleta. A partir de entonces, el espectador será testigo de escenas que son un fiel retrato de la crueldad humana, acentuada cuando es espoleada por la necesidad económica. Sumergido en la injusticia que supone el robo impune de su bicicleta, el protagonista, junto a su hijo, se verá embarcado en una increíble odisea para recuperarla, con la impotencia como principal resultado.
Hay que decir que el guión es maravilloso, dotado además de toda la espontaneidad que sólo da el italiano como idioma. Habla de los esfuerzos humanos por sobrevivir en las crisis, de la honestidad, del fervor religioso desmedido, y de los ejemplos de un padre hacia su hijo. El final, estremecedor, muy emotivo, refleja que, aunque las injusticias nos azoten, muchas veces no podemos valernos de ellas para resarcirnos.
Impresionan las tomas en las que el protagonista ve pasar delante de sus ojos infinidad de bicicletas, y lo turbado que se siente en el mercado. A él sólo le hace falta una de todas aquellas bicicletas, y los nervios parecen acabar con su paciencia cuando comprende que no podrá conseguirla. La escena del río es también digna de mención, por la angustia que provoca en el espectador.
Alucinante el trabajo del crío. El pequeño actor, interpretando a Bruno, se mueve con una soltura y una naturalidad que parece un intérprete experimentado. Gran trabajo también de Lamberto Maggiorani en el rol protagónico, y de todo el reparto en general.
Grandioso De Sica en la dirección; sin salirse demasiado de las normas en cuanto a fotografía y trabajo de cámaras, lo más sobresaliente de su labor es la tensión narrativa que mantiene en todo momento, sobre todo en el cuarto de hora final, realmente emotivo, gracias también a una música perfectamente adaptada a la situación.
Una gran película, que se ha ganado a pulso cada uno de los reconocimientos que ha obtenido de la crítica y de la Academia, que le otorgó el premio a la Mejor Película Extranjera aquel año. Toda una demostración de sapiencia cinematográfica.
LO PEOR: No creo que haya nada que reprocharle a esta cinta; si acaso que algunas escenas se extienden un poco (como la del mercado de las bicicletas).
LO MEJOR: La tensión que transmite en todo momento y cómo atrapa. Todo lo que logra sacar el director de una historia simple y poco rebuscada. La música, y las interpretaciones.
LEANDRO PINTO 
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