|
Primaveral costumbrismo.
Sensible, emotiva y de paso lanzadera para la candidatura de Jean Pierre Darroussin a dinosaurio del cine francés (al menos) o europeo en un futuro. O para ya mismo.
Compenetración perfecta con Daniel Auteuil, que no estaba previsto en el guión en primera instancia, pero poco se nota. Primaveral y fresca. Clase magistral de Darroussin de expresión facial (¿y corporal?) éso que tan fácil parece, (y tantos momentos tan bochornosos nos ha hecho pasar viendo alguna película de consagrados), sin caer en el chascarrillo fácil, (que se recuerde).
Sublime ridiculización de la modernez. De lo mejor y más divertido en la película. No estaría mal su proyección como asignatura de libre configuración en algunas facultades, escuelas o academias fabricantes de pretenciosos.
Si queremos ponernos quisquillosos, a algún espectador puede parecerle un poco moña, obvia, maniquea, demagoga en algunas rectas. Acepto que pueda darse el supuesto, aunque no es mi caso. Sí parece evidente, por contra, que uno de los último guiños a Darroussin no entra ni con calzador.
Ensalza cosas naturales, palpables en el aire y metafóricas o no, como una huerta, una carpa gigante, el cielo de Paris y el del pueblo. ¿Qué me dicen del estajanovista escuchando música clásica en su huerta? Escena y personaje.
El final siempre se intuye, pero el desarrollo es hábil y el espectador lo disfruta, por lo que habrá que decir: "bien por el director", que por cierto se llama Jean Becker.
No va a cambiar tu vida, pero te dejará un sabor como de suave vino blanco en la garganta. En Madrid hacía un frío del carajo, pero me fuí a casa pensando que estábamos en Abril. Algo bueno.
skowac 
|