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Hurraco Port.
Película que, eso dicen, rompe con los tópicos del cine español rural para, con un punto de partida que es una anécdota y nada más (meteoritos y tal...), zambullirse en los lugares comunes de thriller yankee con psicópata y poco presupuesto (usease: mucho relleno, definición esquemática de personajes, cierto tremendismo incoherente para inquietar al personal ante la falta de recursos, y final con persecución y peleílla para cumplir el expediente).
Se comenta con insistencia, no irritante porque la opinión ajena nunca puede ser tal cosa, que la peli da una nueva visión del tema de los asteroides asesinos al centrarse en la reacción de un pueblo ante la inminente catástrofe y no, supongo, en la nave espacial que viaja por la galaxia para destruirlo. Claro, Gutiérrez no tenía dinero para más, en mi opinión. Pero si llega a tener presupuesto, sus ansias de cine de barras y estrellas no le dejan en tierra ni de coña… Porque la cinta juega al despiste recurriendo a tópicos de venganzas rurales, convencido el realizador de que así aplica una pátina de “españolidad” al producto, pero esos elementos supuestamente diferenciales están tratados desde la desidia y la gratuidad frecuente en la serie B americana. Con lo que la cinta supone, simplemente, una traslación poco imaginativa de las películas de psicópatas neoyorquinos, por decir uno, al medio rural supuestamente patrio.
El guión también es de traca, se refugia demasiado en los apuntes de clase de cine, con la estructura que allí te enseñan metida con calzador (por ejemplo el final con la chica, no revelo nada concreto, no teman, es una absurda manera de emplear la siembra y la cosecha de forma postiza, sin que tenga relación con la lógica interna del relato; cosa ya de locos, puesto que la siembra y cosecha sirve precisamente para hilvanar, unir, hacer avanzar la narración...).
Tampoco se salvan los recursos técnicos para cubrir carencias (con multitud de planos cortos y nerviosos), estando las secuencias tan mal ejecutadas que no disimulan la modestia, sino que la multiplican. Y esto es culpa del tipo que se puso detrás de la cámara, no del billete de 20 euros que le dieron para rodar. La falta de medios es un atenuante, en todo caso, nunca un eximente.
Bloomsday 
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