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El silencio lo dice todo
Visualmente apabullante y en un inquietante silencio, Kim Ki-Duk nos introduce en ésta original historia, que a riesgo de convertirse en algo fatigoso y aburrido por su continua falta de diálogo, se desmarca de esos parámetros de un modo brillante, y aunque en ocasiones pueda parecer algo repetitiva y un pelín absurda, es precisamente en esos momentos donde se desencadenan las acciones que nos introducen en la verdadera historia, donde se nos muestra el verdadero sentido de la trama alrededor de la cual los personajes giran envolviéndola de un modo espectacular, conmoviendo al espectador, y deleitándonos con un último tramo absolutamente genial, a pesar del final, que a algunos les pueda parecer poco convincente.
Grandine 
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