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Leszek Kolakowski: Si Dios no existe… (Sobre Dios, el diablo, el pecado y otras preocupaciones de la llamada filosofía de la religión)
Servadac: ¿Once o El sueño de Casandra?
V: El sueño de Casandra.
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[Entramos en el templo de los Verdi]
A diferencia de Match Point, la peli tarda en arrancar. No acabo de sentirme cómodo con el nuevo estilo de Woody Highsmith Dostoievski.
[Pienso en el mito de Casandra... Una mortal amada por Apolo, que recibe de él el don terrible de la profecía y, tras un breve encuentro, acaba rechazando al dios cantor.]
Poco a poco voy entrando en la película. Me empiezan a captar los personajes, Caín y Abel. La situación me envuelve y la tensión aumenta por momentos. Como un líquido malsano, el dilema moral se cuela por mis venas y rueda en mis ventrículos.
[El despecho de Apolo. La ira de Febo el Mesurado. El dios escupe en la boca de Casandra y, de ese modo, la condena: nunca sus palabras habrán de ser creídas. La verdad será su patrimonio intransferible. Arderá Troya.]
Pero, ¿quién es Caín y quién Abel?
¿Será cierto como ya apuntara Dostoievski que, si Dios no existe, todo está permitido?
A estas alturas, ya estoy metido hasta las cejas en la historia. El diablo se pasea alegremente por la cinta.
¿Qué harías tú para conseguir a Angela Stark (Hayley Atwell)? ¿Se puede poner precio a nuestras ambiciones más profundas?
[V, tras descabezar un ligero sueñecito, devora la pantalla con los ojos; los dardos de Allen también la han alcanzado.]
La madeja del hilo se ha enredado tanto (Caín, Abel, Cael, Abín, el tío Lucifer y su ponzoña afrodisíaca) que ya no parece posible arribar a buen puerto.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Woody se sacude el desenlace de un plumazo con un final abrupto y pobretón y un plano memorable del barco-sueño que se aleja.
Creímos en Casandra y el veterano dios judío ha querido despedirnos con un salivazo.
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[El veneno perdura. Ya estoy deseando retomar a Leszek Kolakowski.]
Servadac 
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