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7,2
24.817
Drama
El 2 de marzo de 1974, el joven anarquista Salvador Antich, militante del Movimiento Ibérico de Liberación, se convirtió en el último preso político ejecutado en España mediante "garrote vil". Ésta es su historia y la de los intentos desesperados de su familia, compañeros y abogados por evitar su ejecución. (FILMAFFINITY)
3 de octubre de 2006
3 de octubre de 2006
16 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los anarquistas parecen tipos duros pero luego resulta que son más tiernos que la bollería industrial recién horneada. De hecho, son una monada capaz de creer que si no hubiese policía ni fuerzas del orden, los humanos viviríamos en paz y armonía porque en el fondo todos somos buenas personas. Y los ladrones, los asesinos, los violadores, los especuladores y los trileros desparecerían de la faz de la tierra el día en que desapareciese el estado represor que los inspira.
Algunos científicos afirman que para sostener creencias tan ingenuas sin recurrir a la lobotomía del neocórtex frontal hay que haber visto por lo menos una docena de películas Disney seguidas.
Pero bueno, el caso es que los anarquistas se dedican a combatir el sistema con altruismo y buena fe, y lo hacen a base de robos (expropiaciones, vaya) y ocasionales actos de violencia (en defensa propia, ojo).
Y vivir en este plan hoy en día ya es un poco raro, pero para hacerlo en la España de los años 70 hacían falta unos huevos del tamaño de un autocar londinense.
Algunos científicos afirman que para sostener creencias tan ingenuas sin recurrir a la lobotomía del neocórtex frontal hay que haber visto por lo menos una docena de películas Disney seguidas.
Pero bueno, el caso es que los anarquistas se dedican a combatir el sistema con altruismo y buena fe, y lo hacen a base de robos (expropiaciones, vaya) y ocasionales actos de violencia (en defensa propia, ojo).
Y vivir en este plan hoy en día ya es un poco raro, pero para hacerlo en la España de los años 70 hacían falta unos huevos del tamaño de un autocar londinense.

Daniel Brühl
Y Salvador Puig Antich se ve que tenía dos de esos huevos... y pagó por ello con la vida.
Y le han hecho una peli y ahora a) los fachas se indignan porque un tipo así no debería protagonizar ninguna película y b) los compañeros de lucha del chaval se indignan porque dicen que era un héroe mucho más digno de lo que parece en la pantalla (vean este link), y c) puestos a indignarse, yo también me indigno porque el ritmo decae de repente a mitad de la peli hasta el punto de que casi diría que sobra la mitad del metraje.
Y le han hecho una peli y ahora a) los fachas se indignan porque un tipo así no debería protagonizar ninguna película y b) los compañeros de lucha del chaval se indignan porque dicen que era un héroe mucho más digno de lo que parece en la pantalla (vean este link), y c) puestos a indignarse, yo también me indigno porque el ritmo decae de repente a mitad de la peli hasta el punto de que casi diría que sobra la mitad del metraje.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La aventuras del joven terrorista empiezan muy bien, la historia es interesante y cuenta con a) un guión tan solvente que hace que incluso Joel Joan parezca un actor serio, b) unas escenas de acción dignas de algún país con industria cinematográfica rentable, y c) una molona banda sonora con temas de Lluis Llach, Iron Butterfly, Jethro Tull y Leonard Cohen...
Pero luego los polis pillan al chaval y, aunque todos sabemos que lo van a matar (de hecho, ¿qué otra cosa se sabe de Puig Antich a parte de que lo mató el franquismo?), nos alargan tanto el suspense que da la impresión de que al final logrará escaquearse en plan licencia poética.
Pero no: Durante toda una hora Salva se despide poco a poco de amigos y familiares, y agoniza y agoniza y agoniza y agoniza a la par que agonizan los espectadores.
La sala se va llenando de sollozos (y bostezos), y las chicas sensibles se deshidratan de tanto llorar. Pero después de la agonía sentimental todavía falta la agonía física propiamente dicha, y el Via Crucis culmina con la escena de la ejecución al garrote vil que dura más que un día sin pan, y todavían van y la cortan para combinar el sufrimiento del reo con el de la niñita de unos diez años toda triste en el patio del colegio porque los fachas están matando a su hermano Salvador... y los sollozos (y los bostezos) se multiplican... Pero es todo tan largo y reiterativo que, cuando al final el prota se muere del todo, los sollozos (y los bostezos) dejan paso a algunos suspiros de alivio y un par de hurras.
Vamos, que se queda a medio camino entre Capote y La Pasión de Gibson.
Nota: notable.
Pero luego los polis pillan al chaval y, aunque todos sabemos que lo van a matar (de hecho, ¿qué otra cosa se sabe de Puig Antich a parte de que lo mató el franquismo?), nos alargan tanto el suspense que da la impresión de que al final logrará escaquearse en plan licencia poética.
Pero no: Durante toda una hora Salva se despide poco a poco de amigos y familiares, y agoniza y agoniza y agoniza y agoniza a la par que agonizan los espectadores.
La sala se va llenando de sollozos (y bostezos), y las chicas sensibles se deshidratan de tanto llorar. Pero después de la agonía sentimental todavía falta la agonía física propiamente dicha, y el Via Crucis culmina con la escena de la ejecución al garrote vil que dura más que un día sin pan, y todavían van y la cortan para combinar el sufrimiento del reo con el de la niñita de unos diez años toda triste en el patio del colegio porque los fachas están matando a su hermano Salvador... y los sollozos (y los bostezos) se multiplican... Pero es todo tan largo y reiterativo que, cuando al final el prota se muere del todo, los sollozos (y los bostezos) dejan paso a algunos suspiros de alivio y un par de hurras.
Vamos, que se queda a medio camino entre Capote y La Pasión de Gibson.
Nota: notable.
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