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El cantar del mío Wulf.
Ver a Angelina Jolines digitalmente desnuda, doradita ella, como un Ferrero Roché sin tropezones, bañada en oro fundido y con tacones es... raro. Bueno, el detalle de los tacones es delirante directamente… ¡hazla levitar coño! Algo... pero ¿tacones? ¿A qué lumbreras se le le ocurrió semejante diseño? Además que ese desnudo trucado es ya frustrante en sí mismo.
Te descoloca un poco ese matiz hortera entre tanta bravuconada previa, y te da la pista de que Robertito pierde el fuelle de los primeros compases del metraje para recular; para acomodarse en lo suyo y ofrecernos algo previsible. Y es que ya sea Beowulf, Gilgamesh, el Cid o el que sea, sabemos que la peli, Bob, siempre la haría igual. En todo caso, es de justicia recalcarlo, Zemeckis se suelta un poco la melena haciendo un relativamente interesante uso de la planificación de escenas (dicha digitalización le proporciona gran libertad, pese a que a mí no deje de recordarme las baterías electrónicas; es más cómodo, ofrece posibilidades... Pero como el sonido a caja no hay nada)... Y por ahí te engaña un rato... ¿Será que el padre de Forrest Gump y los Regresos Futuribles se nos vigoriza, se nos “viagrariza”? Pero no, luego ya sale el alma de cántaro que lleva dentro y, como su tito Spielberg, prefiere contentarse con algún momento de cierto aliento tremendista (para lo que suele ser él, claro: se ve un culo, se menean unas tetas, se parte a un tío por la mitad...); pero posteriormente su candor y empalagoso decoro reconducen la situación ofreciéndonos un cuento ñoñete, edulcorado, con trasfondillo metafórico de medio pelo (el poder, la ambición y bla, bla, bla) y muchas, pero que muchas, "buenas sensaciones" (nótese aquí un cierto recochineo). O sea, que de “epic tale”, nada de nada... Eso sí, como siempre consigue Zemeckis, entretiene moderadamente. Aunque el guión y los personajes acaben por ser tan gélidos como las imágenes de carne resbaladiza y lustrosa, metálica casi, que nos plantea.
Así que se puede ver, pese a quedar un poco hastiado de pectorales velludos; senos sinuosos y bruñidos; chulerías heroicas de jutos, frisios, gautas, argonautas, micronautas, gaitas, flautas... y demás pueblos germanos aficionados al turismo por la Gran Britania; y pese a quedar ávidos de algo de lírica leyenda, de juglares, de esa aliteración en forma de épica oscura que algunos fuimos buscando en la peli y que dicen tiene el poema original.
Entretiene sí, aunque salgas con cierta sensación de insatisfacción. Echas el domingo, sí. Aunque acabes con cierta impresión de tiempo perdido, de dos horas malgastadas.
Bloomsday 
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