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La puerta está a cuatro segundos de tí, yo te doy dos
La película resulta muy entretenida, pero en cada momento de su visionado, pensaba en si Truman Capote, autor de la novela se hubiese salido con la suya y la actriz protagonista en vez de ser Audrey Hepburn, hubiese sido Marilyn Monroe, sin duda hubiese sido una película distinta y no se decir si hubiese sido mejor o peor. Indudablemente la Hepburn con sus ojos de cervatillo, y su minúscula figura, cuasi-anoréxica diriamos hoy, da un toque de elegancia al papel que no le hubiese dado la Monroe, ésta lo hubiese cargado de erotismo y sensualidad, y estas especias no aparecen en este film, lucen eso sí otras no desdeñables, como la ya mentada elegancia, el candor, la espontaneidad de un espíritu libre y rebelde… El personaje creado por Capote, en la novela es más controvertido, su condición de prostituta se refleja de forma más explícita. Con los nuevos tiempos llegados a Hollywood y sus nuevos códigos de censura a buen seguro el papel descafeinado que en este sentido ofrece la Hepburn es a todas luces más aceptable que la bomba que hubiese supuesto ver a la curvilínea Monroe contonearse en tales menesteres. De hecho Marilyn desechó el papel por no querer arraigar más su ya de por sí frívola imagen. En cualquier caso magnífica la Hepburn, en este papel que le abre las puertas de otras películas maravillosas como Charada o My Fair Lady y buen papel de George Peppard, muy alejado de su posterior etapa en el Equipo A. Sorprendente la aparación de José Luis de Vilallonga como uno de los pretendientes de la señorita ”Holly Colightly” (Audrey Hepburn) o la de un irritado y ajaponesado Mickey Rooney.
Uno de los mayores atractivos de la película son los vestidos con los que se adorna la Hepburn, en concreto el famoso vestido negro “Vestido para desayunar” que utiliza en un par de ocasiones en la película, uno de los iconos de lo chic y un clásico de la moda que formará parte del Museo del traje de Madrid, tras ser donado por Givenchy junto a otros vestidos, como el de “Sabrina” creados por él para Audrey Hepburn, quien fue modelo antes que actriz. El vestido en cuestión, supongo que el donado es una copía, fue subastado en 2006 por la friolera de 467.000 libras en una primera subasta y 700.000 dolares en una segunda. Esta película que suele volver a estar de moda cíclicamente coincidiendo con los cambios de moda influyó mucho en la estética sesentera, como ejemplo ver como Jackeline Kennedy se inspiró en ella a la hora de crear su personal estilo.
Reseñable la música del film que nos entregó Henry Mancini, con su mítico Moon River, llevandose dos oscar por este apartado la película, mejor canción y mejor banda sonora. Antes de componer la banda sonora de esta película para su amigo Blake Edwards, Henry Mancini estaba pasando una muy mala racha, abocado al fracaso por los resultados de sus anteriores trabajos. Esta obra le valió el reconocimiento imperecedero de el gran público.
“La puerta está a cuatro segundos de tí, yo te doy dos”
Vakulinchuk 
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