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El arte de vivir
La tercera película del norteamericano Julian Schnabel vuelve a convertirse como sus dos obras anteriores en una nueva reflexión del autor sobre el concepto de la creatividad artística. Dicho así de sopetón pudiera parecer que estamos ante una obra pedantorra y soporífera pero ni mucho menos es así. Los tres protagonistas de las hasta ahora tres únicas películas de Schnabel tienen en común el hecho de ser todos ellos artistas contemporáneos que, por una u otra razón, encuentran dificultades a la hora de desarrollar su arte y su talento creativo. Recordemos, sin ir más lejos, a ese Reynaldo Arenas protagonista de su anterior film, perseguido por el régimen político del país en el que le tocó nacer y que se ve obligado a echar mano del lápiz y el papel en los momentos y en los lugares más insospechados. El principal obstaculo que se le presenta a Jean Dominique Bauby, el protagonista de La escafandra y la mariposa, para sacar a flote su creatividad proviene de su propio cuerpo. Bauby contaba sólo 42 años cuando en 1.995 sufrió una extraña enfermedad que le confinó en una cama de hospital hasta el fin de sus días. Todo su cuerpo quedó paralizado a excepción del párpado de su ojo izquierdo. Pero Bauby no se resignó y descubrió que además de su párpado había algo más que no se le había quedado paralizado y todavía le funcionaba: la imaginación y la memoria. Así que decidió que si bien su cuerpo nunca dejaría de ser su escafandra, su imaginación y su memoria serían su mariposa, esa válvula de escape con la que poder huir de la triste realidad en la que había quedado atrapado.
Y vivió. Y con todas esas limitaciones y mucho tesón, consiguió que su mariposa volara libre, y escribió un libro en el que plasmó todos sus recuerdos y toda su trágica experiencia. Y con estos pocos elementos, Schnabel construye un emotivo canto a la vida. Es justa su candidatura al Oscar, pues detrás de cada plano, de cada gesto, de cada palabra está el, se percibe su presencia. Detrás de la mariposa de Bauby, se ocultan además imágenes preciosas, sonidos envolventes, sensaciones al fin y al cabo que traspasan la pantalla y que transmiten muchas cosas. El film se convierte así en toda una experiencia, dura y amarga sí, pero en la que todavía hay un hueco para la esperanza. Schnabel nos habla del arte de crear pero también del arte de vivir. Porque vivir, qué duda cabe, es todo un arte,… y además de los más difíciles .
chusmi 
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