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Nunca volveremos a ver en el cine semejante final
Esta película, rodada con la más absoluta maestría, es (hablando en idioma de Ubrique) como un toro desbocao. Te pasas todo el santo rato, viendo como un toro llamado Kevin Spacey te enviste y corre hacia ti desde la lejanía, desde la meticulosidad, desde el asombro. Pero una y otra vez le consigues torear, a la vez que piensas en el momento en el que podrás asestarle una estocada mortal y descubrir un final fácil y predecible, que empañe un guión absolutamente exquisito. Pero no señores, no. No caerá esa breva. Porque Fincher, Pitt, Freeman y Spacey nos regalan, para mi gusto, el mejor desenlace de la historia del cine. Y hablo, y no me spoileo, porque ante ese toro bravo, desatado y macabro que te empitona y te destroza por dentro con sus cuernos, mirandote friamente a los ojos, solo puedes caerte al suelo y pensar desde allí, que, gracias a Dios, las imágenes que has visto en tus dos anteriores horas de vida, siempre quedarán en tu memoria.
Doctor_Alzheimer 
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