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En todas partes cuecen habas
Aunque el marco de la película sea el Japón feudal, se trata una historia de carácter universal y atemporal.
Es la historia del poderoso y de los débiles, del rico y de los pobres, del señor y los desamparados.
De la injusticia.
Mizoguchi no se limita a realizar una exposición de las penalidades de la vida, borda una película inmortal, impecablemente filmada y mejor contada, que ahonda en el optimismo, la esperanza y el amor.
Un clásico.
El niño al que la tierra habla 
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