spoiler:
Lo que se exhibe desde la temporada decimo tercera no es otra cosa que el cadáver de una serie que bien podría haberse retirado de la pantalla a tiempo. Con un arranque titubeante, sin carácter, a partir de la tercera temporada se conformó un savoir-faire por parte del equipo de Groening y Castellaneta, con guiones sublimes como los capítulos de Frank Grimmes, el compañero de la central nuclear de Homer, o el alistamiento de Bart en los Boy Scout. Las genialidades se contaban por capítulos. La mordacidad y la ironía -más sutil que en Family Guy- se esfumó con la aparición de la fantástica Futurama; cuando ésta acabó siendo defenestrada a Los Simpsons sólo les quedaba recurrir a famosos invitados, a escenas que acaban con demasiada frecuencia con el slapstick y la peripecia, y el abandono del microcosmos de Springfield para convertirlo todo en un remedo de película de aventuras desvaída. El colmo de los despropósitos está en la primera escena del largometraje que lanzaron en 2007.