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El quiero y no puedo
Intrascendente y algo insulsa comedia, un vano intento (pese a lo que digan) de evocar el éxito y el estilo de El diablo Viste de Prada, que si bien parte de una idea interesante, que ni siquiera es original, se pierde demasiado en los aspectos más propios de La Cenicienta que de una crítica mordaz y en clave antropológica de la alta sociedad neoyorkina. No deja de resultar llamativo este hecho teniendo en cuenta la personalidad de sus autores, pero puede que uno de esos altos ejecutivos de traje y dudoso sentido artístico les impusiera / encargara (táchese según proceda), la película estilo Disney en personas reales. Pero el problema, es que dentro de la corrección general de la propuesta, no emociona como cinta tierna y dulce y no hace gracia como sátira social, así que acaba quedándose en tierra de nadie, algo que desde luego supone una oportunidad perdida en lo que a la adaptación se refiere. Por otro lado, el reparto se encuentra de lo más desequilibrado, partiendo de un insoportable niño por el que deseas que ocurra una tragedia para que se anime la función, Chris Evans con cara de debo-ser-sólo-el-guapo-de-la-película-así-que-dónde-está-mi-cheque, Paul Giamatti filmado casi sólo de espaldas o fuera de plano (¡¡¡¡¡¡¡¡¡!!!!!!), Johansson mucho más sosa que de costumbre, en parte por un personaje insultantemente unidimensional y Linney como lo más interesante de la función, creíble e incesante roba planos.
jaly 
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