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¡Se jodió la nochebuena! ¡Se jodió la navidad! ¡Se jodió todo!
Quizá, lo más interesante de “El día de La Bestia” sea la primera mitad, en la que el suspense, la atmósfera tétrica y el humor van de la mano de una manera rápida y desenfadada.
En este sentido, la película engancha ya desde el primer minuto. Las escenas que siguen a la introducción: la imagen de una Madrid lluviosa, corrupta, llena de accidentes, suciedad, delincuencia, represión policial y, sobretodo, decadencia, ocupan la mente y trasladan al espectador a una noche, digamos, un tanto extraña. La música ayuda a meter en el ambiente, pero hay que decir que no se trata más que de una serie de rifs sueltos sin orden ni concierto. Es más el espíritu del metal que el propio metal el que respira en el metraje, siendo esta una experiencia un poco vacía.
En cuanto Angulo y Segura se juntan todo comienza a fluir y uno comienza a sentirse dentro de un plan. Está claro, “El día de La Bestia” es un filme cercano, en el que los personajes, pese a exagerados, resultan terriblemente familiares. Cabe especial mención las escenas de la pensión, en la que la estética oscura y los hilarantes personajes crean un coctel humor-misterio explosivo, en el que sin duda, se encuentran los mejores minutos de toda la cinta (junto con algún que otro dialogo del propio Segura).
Ahora bien, durante la última media hora, digamos, las cosas decaen. Es en este momento cuando la película entra en una furiosa carrera; las conversaciones pierden peso, Segura deja de soltar genialidades y por momentos, todo se limita a una serie de secuencias de acción algo sobredimensionadas que no tienen gracia y parecen sobrar. No obstante, todo esto es incapaz de eclipsar el corpus del metraje que resulta altamente gratificante. Muy recomendada y una de esas pocas películas que resultan graciosas la segunda vez, la tercera, la cuarta...
ChocoDog69 
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