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El comienzo de una gran amistad...
Aquí comenzaba uno de los romances más famosos de la historia del cine. Se cuenta que, cuando se inició el rodaje, el director del film, George Stevens, tenía una relación sentimental con la mismísima Hepburn. Pero aquello no podía durar mucho tiempo a juzgar por la química que, desde un primer momento, surgió entre la pareja protagonista.
Tracy & Hepburn están realmente soberbios durante todo el metraje de esta historia que trae a colación la lucha de sexos, tema que sería el pilar de otra celebrada cinta protagonizada por ambos actores, "La costilla de Adán".
La temática resulta actual, ya que nos presenta una pareja en la que ambos trabajan y en la que, curiosamente, la mujer tiene mayores éxitos profesionales que el marido. Se plantea el dilema de si la esposa, al convertirse en tal, debe abandonar su carrera laboral en beneficio de la relación matrimonial. Una idea resulta revolucionaria para la época, y es que el protagonista masculino, en un momento del film, aboga porque la mujer sea capaz de compaginar ambas funciones, trabajo y hogar, en un equilibrio compensatorio.
En definitiva, un guión fresco y dinámico, lleno de frases y situaciones divertidas, al más puro estilo de la comedia hollywoodiense de la época. Y unas interpretaciones magistrales, en las que tanto Spencer Tracy como Katharine Hepburn demuestran sus increíbles dotes para la comedia, entre otras muchas. Muy recomendable es no perderse la secuencia final del desayuno, porque no tiene desperdicio.
Pocas parejas fílmicas han tenido una vida profesional tan fructífera, desde "La mujer del año" hasta "Adivina quién viene esta noche", la última en la que intervinieron juntos, que también sería la última del actor, ya que murió poco después de finalizar el rodaje. Una historia de amor que, hasta la muerte del actor, constituyó un gran secreto a voces. Tracy, casado y católico, nunca pidió el divorcio de su esposa. De todas formas, mantuvo con Hepburn una relación estable y profunda en la que su amigo común, el director George Cukor, fue su gran confidente y protector.
Zoraida 
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