|
Combinación de clasicismo, ternura y tristeza
Cuando leí hace un año El Festín del Amor de Charles Baxter me llevé una grata sorpresa. Es un libro que realiza una descripción perfecta de la condición humana, de las diferentes manifestaciones del amor y del sexo, la soledad y la perdida de algún ser querido. La galería de personajes era de lo más variopinto y el lenguaje duro y contundente. Al enterarme de la adaptación de esta novela al cine, deseé que fuera lo más aproximada a su estilo narrativo, sin embargo, el tono elegido es diferente aunque no desdeñable. En líneas generales, la película es digna, aceptable y correcta pero sin la fuerza y emoción suficiente que necesitaba un texto de estas características. El problema principal gira en torno a una dirección de Robert Benton demasiado clasicista y académica, poco arriesgada en la puesta en escena y que, apenas, profundiza en los matices e interioridades de personajes tan opuestos entre sí. Me quedó una sensación de que el director ha suavizado las partes más escabrosas y crudas de la historia tendiendo a edulcorar las imágenes y hacerlas más llevaderas al gran público. Es cierto que incluye varios desnudos y algunos con cierto riesgo pero nada aportan al resultado final del mismo. A pesar de no ser un título memorable, sí merece ser visto por el excelente trabajo de todos los actores. Aquí está el acierto principal de su director que ha sabido elegir adecuadamente a los actores en una labor de casting intachable. Morgan Freeman, uno de mis actores favoritos, encaja como nadie en su papel de Harry Stevenson, el profesor y escritor taciturno, tristón y experimentado que siempre da los consejos oportunos. Últimamente, algo encasillado en estos roles, también es preciso reconocer que ningún actor en la actualidad representa tan bien la bondad y la sabiduria como Freeman, pués sus miradas y silencios son únicos y siempre es creíble. Greg Kinnear resulta conmovedor y recuerda en sus gestos a actores como Jack Lemmon que oscilan entre la comedia y el drama. También, hay un gran trabajo de Radha Mitchell como esa mujer manipuladora y posesiva que ofrece una doble cara y supone el personaje con más fuerza y complejo de todo el reparto. Otro descubrimiento a considerar es Alexa Davalos, actriz de enorme belleza que muestra una especial ternura y melancolia como Chloe. Selma Blair, ingenua e inocente, hubiera necesitado un mayor protagonismo porque desaparece enseguida. Sin olvidarnos de Jane Alexander, veterana actriz que destaca como una mujer generosa y cariñosa. En definitiva, El Juego del Amor, no pasará a la historia ni será una de las adaptaciones brillantes de obras literarias pero, por lo menos, es un ameno entretenimiento con un reparto en estado de gracia que logran salvar la función.
Antonio 
|