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24 horas de amor y muerte.
Película sencilla y sin pretensiones, que en cambio te atrapa precisamente por eso. Habla de la muerte, y lo hace de forma luminosa, con ligereza pero sin frivolidad. Y al final consigue que pese a todo terminemos con una agradable sonrisa en la cara.
María Ripoll utiliza un estilo ágil y vivo para contarnos una historia que habla de la muerte.
El reparto de jóvenes actores resulta correcto (unos más que otros), con Javier Pereira confirmándose como un actor de mucho futuro y la fascinante Tamara Arias, un rostro a seguir.
En el lado negativo la falta de credibilidad, o naturalidad, de algunos momentos. La fiesta de despedida, con esos compañeros de universidad comportándose como idiotas, es un buen ejemplo de esto.
Una refrescante propuesta veraniega, que además aporta algo más que simple entretenimiento.
ernesto 
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