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Tatuéme "Hijo te quiero" en el centro el pecho.
Un padre jamás debería sobrevivir al hijo.
La espiritualidad que sobrevuela el cine oriental me fascina. La acción es hermosamente marcada por gestos y palabras de la mayor significación, el eslabón cartesiano. La consecuencia de nuestros actos tiene una sucesión inmediata y debería ser la continuación del anterior, un paso tras otro hasta crear el baile.
La razón con la emoción.
El cine oriental lo muestra película tras película, incluso un aparente caos es perfectamente encadenado en el desarrollo con la lógica pura. Con el arrebato sentido e inteligente. Instintivo y sabio.
En "La búsqueda" el caos de un viaje urgente, emocional, súbito, crece kilómetro a kilómetro con firmeza y reflexión. Con el dolor y el cariño del padre en pos del hijo que va dejando atrás. Un padre que no quisiera llorar y que al hacerlo es cuando encuentra el camino sinuoso, paradigma de toda travesía. El japonés se enfrasca en China sin desfallecer más que lo conveniente tras el artista de ópera que cautivó a su hijo moribundo. Caminando por la amargura, viendo caer una alargada caca del culo de otro hijo que es hijo de otro.
"- Estoy mirando a un niño cagar bajo el cielo abierto de la noche, perdido."
Tatuaje en color. Esta historia es el tatuaje en color que te hicieron en la aldea china en aquel viaje.
Rick Blaine 
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