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El rey Pellinor y la Bestia Bramadora
En el maravilloso ciclo artúrico que contiene el "Camelot" de Terence H.White siempre regresé con una inagotable fascinación a la historia del rey Pellinor y la Bestia Bramadora. El rey Pellinor, un noble quijotesco que posee la nobleza de un león, la astucia de una serpiente, el idealismo de un héroe y el talante de un ama de casa inglesa en día de rebajas, persigue incansablemente a un bicho mítico, la Bestia Bramadora, a la que nunca consigue dar caza. Y esto no se debe a su incompetencia, sino más bien a la secreta felicidad que se halla en el ejercicio de la persecución eterna: en el momento en que el rey Pellinor se casa y su mujer le obliga a abandonar esta insensata obsesión, la misma Bestia Bramadora, despojada del objetivo vital que consiste en ser perseguida, se va muriendo de pena lentamente. Es una historia de una belleza magnífica y muy humorística.
Quiero creer que el personaje de la comadreja Buck, un descubrimiento por cierto, con su homenaje artúrico (la espada en la piedra) y su eterna persecución de Rudy, es un homenaje consciente a la historia del rey Pellinor y la Bestia Bramadora. O quizás es casual el parecido y el hecho de que Buck sea el único bicho inglés de toda la película. Si fuera casual entonces, igualmente me quedaría con la genuina emoción de haberme encontrado un personaje tan delicioso y anacrónico en una película cien por cien norteamericana.
Y aún quitando su estelar presentación en la gran pantalla, nos queda mucho: una banda sonora preciosa, unos secundarios desternillantes, unos escenarios y diseños 3-D increíbles, unas escenas tiernecitas para aleccionar a los nenes sobre los grandes valores familiares y hasta un personaje, Sid, que si sigue la saga por ahí, quizás se convierta en el primero de la historia de los dibus infantiles en salir oficialmente del armario.
Me quedo por supuesto con las geniales zarigüeyas que han ganado horrores desde la primera parte y por supuesto con los gags de Scrat, estirados hasta lo imposible para goce de todos los fans de esta desesperante y desesperada ardilla.
Ojalá la mitad de las películas de aventuras con actores reales que recibimos mes a mes fueran tan sólo la mitad de divertidas, trepidantes, carismáticas y emocionantes que lo es ésta. Para mí, está a la altura de cualquiera de Indiana Jones y diez veces más cachonda y entretenida. De toda la saga Ice Age, la mejor sin lugar a dudas.
Neathara 
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