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Triste y hermosa ciudad.
No por repetido es menos cierto: Woody Allen se pasa a sí mismo, está en una sobre-marcha, o mejor, está por encima de su propio límite. Como pasa con otros grandes artistas, Manhattan es la película canónica, en donde los elementos que casi siempre acompañan las películas de Allen están en su estado más perfecto: los diálogos (adoro la parte en que discute con el personaje de Keaton sobre los artistas "sobrevalorados" ("overrated"), palabra detestable y muy de moda hoy en día para bajar del pedestal a los grandes autores; "¿Qué tal Mozart?"), las actuaciones (en especial Woody mismo), LA FOTOGRAFÍA (me pone la piel de gallina... ¡qué triste y hermosa!), LA MÚSICA (es que "Rapsodia en azul" es demasiado bonita), y por supuesto, el argumento, basado en el análisis despiadado y realista de un tipo o clase social muy particular: la clase media-alta, pseudo-intelectual, acomodada de Nueva York, que tras su aparente sofisticación e inteligencia esconde caprichos y conductas increíblemente estúpidas, egoístas de adolescente tardío. ¿Acaso estos seres se buscan problemas absurdos e infantiles para evadirse de cosas más terribles sin solución, como LA MUERTE? El neoyorquino medio-acomodado-pseudointelectual está demasiado aferrado a las cosas mundanas, y prefiere perderse en ellas a enfrentar los problemas últimos y trascendentes. ¿Hay que decir algo más?
Hay distintos géneros cinematográficos: drama, comedia, cine negro, Woody Allen, John Cassavettes... Y "Manhattan" es la película "más Woody Allen" que hay.
JOOOSEEPH 
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