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Deteniendo el tiempo
Sean Ellis no nos concede un guión convencional ni especialmente elaborado. De hecho, no es el punto fuerte de este drama romántico.
Todo lo que presenciamos es el producto de la personal visión de las circunstancias de Ben Willis, un joven pintor con el corazón roto a causa de la ruptura con su novia. Desde su particular perspectiva, paseamos por sus noches de insomnio; por su trabajo nocturno en un supermercado, para que esas horas que normalmente se dedican a un sueño que huye de él se le hagan más soportables; por su relación con su ególatra jefe, con sus inmaduros y tontorrones compañeros masculinos y con la compañera que trabaja en la caja registradora, una chica tímida y simpática.
Paseamos por sus recuerdos, los flashbacks fugaces con su ex-novia Suzy, y su percepción de la dimensión espacio-temporal. Con su profusa imaginación, Ben es capaz de congelar el tiempo, conseguir que todo detenga su curso para que él pueda recrearse en esa paz y deleitarse en la visión de lo que le rodea. Y lo que más le fascina es contemplar a las mujeres y desnudarlas mientras el tiempo permanece congelado. Para él, todas están provistas de una belleza única. Las curvas femeninas, fuente de inspiración y placer inmensos que impulsan su arte.
Él vive para retratar los delicados contornos de los rostros, la profundidad inefable de las miradas, la textura de los cabellos, la redondez de los senos, la suavidad de la piel. Bajo sus manos, el papel y el lienzo cobran vida y se transforman en portadores del alma femenina.
Como Stèphane (interpretado por Gael García Bernal) en "La ciencia del sueño", Ben es un muchacho extremadamente sensible que intenta suplir la dureza de la realidad con su rico paraíso interior, y Sean Ellis lo plasma ante nuestros ojos con la creatividad de un veterano de la imagen y la fotografía, y con la dulce lírica de un discurso íntimo que nos pone en contacto con los pensamientos del joven y soñador artista.
Sin embargo, los puntos flojos de la película le restan varios puntos a mi parecer. Por ejemplo, el guión, que ya de por sí no es gran cosa, flojea en exceso en ocasiones, y el sentido del humor es un poco pueril y tonto a veces. Excepto Ben y Sharon, casi todos los demás personajes son bastante absurdos y hasta ridículos, demasiado simplones para que pueda tomarme realmente en serio la película. El humor no está bien llevado y estropea el conjunto, con lo cual un drama romántico imaginativo que podría haber dado más de sí, se queda en modesto y con algunas escenas salvables y hermosas alternadas con otras francamente irritantes y sobrantes.
Una pena que se haya quedado por el camino.
Vivoleyendo 
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