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Solo(s) ante el peligro
En mitad del desierto, tres jinetes con sus caballos se dirigen hacía una aldea poblada y aparentemente apacible. Al entrar en ella, el aire de tranquilidad que rezuma no se ve alterado hasta que se empiezan a encontrar con las primeras caras. Un tipo sonriente, realizando sus menesteres, oye como las herraduras de sus jamelgos avanzan con paso firme y, al darse la vuelta, la sonrisa se torna una mueca de desagrado, de súbita preocupación ante unas sombras que creía jamás volvería a ver, allí están de nuevo, para hacer saltar la tranquilidad en mil pedazos. Siguen su camino y mientras atraviesan el pueblo, su pausado paso va levantando susurros al aire, que se desprenden de sus dueños, y aumentan la creciente tensión como si esos fuesen los últimos segundos de calma tras mucho tiempo. Saliendo de allí, se dirigen hacía la estación y, tras ellos, el revuelo ya se ha levantado, las miradas inquietas han atravesado todo edificio y ya nada será igual, o eso parece.
Kane, un sheriff a punto de dejar su ardua labor en manos de otros, sabe por qué han venido y a qué han venido. Están allí por él. En su empeño por no abandonar aquel lugar a su propia suerte, decide quedarse tras recapacitar en su huida, e ir en busca de hombres. Pese a ello, Kane había dejado su estrella momentos antes, y su pistola, ambas colgadas para siempre, pero decide volver y, proclamando ante su mujer que él ya había terminado con su pasado, que no estaba allí por su antiguo empleo, ni por aquello que le hizo valedor de respeto durante tantos años, reemprende su búsqueda de hombres para que acudan en su ayuda.
En esa búsqueda, el ambiente parece viciado, los rostros reflejan tensión y, sudorosos, observan a Kane. Mientras él busca, todo aquello que parecía un lugar normal y apacible, se torna un universo tosco, desasosegante y deshumanizado, y el espectador ya está como Kane, solo ante el peligro, porque puede sentir en su propia piel la amenaza próxima, el temor que supura ese pequeño pueblo, sus constantes vitales acrecentándose, al ritmo de los compases de tan árido infierno...
Grandine 
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