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Crítica falsa y torpe del emperador, muy ricamente ambientada
¿Cómo definir esta cosa? Si me lanzo a escribir una crítica sobre una película que detesto, es porque creo necesario desenmascarar la falsedad completa de lo que cuenta. Hay películas que son tan malas, que por contra resultan muy útiles y beneficiosas para entender cómo no debe hacerse cine, o qué libros no adaptar.
Tal como narra Brando en sus memorias («Las canciones que mi madre me enseñó»), el señor Kostler estaba mucho más interesado en la ambientación y en los detalles de los trajes que en la veracidad o posible verosimilitud dramática de la historia.
En general, la falacia consiste en esto: en presentar a Napoleón como un hombre firmemente asentado en el trono y libre para decidir la conquista de Europa, obviando las siete Coaliciones, pagadas por la valiente Inglaterra, lanzadas en contra no sólo suya, sino de Francia. Y en consecuencia, consiste en presentar a sus enemigos, incluso a sus «amigos» traidores a la patria de la peor ralea (Bernadotte) como santos varones defensores del orden y la moral.
De ridícula, resulta odiosa esta película. El supuesto amor de Napoleón por ese ser egoísta, cretino y nulo no se sostiene, no es creíble.
Con todo, Marlon Brando sostiene algo la película, en una meritoria interpretación. Pero el problema es de fondo, la historia es el gran fallo y no tiene remedio. En resumen, ¡a quién le importan las cuitas de esa señorita idiota («¡No me gustan los palacios, hace corriente, achisss!»), en comparación con la historia de Napoleón, de su ascenso y caída, a manos de, entre otros, traidores a los que se presenta bajo una pátina tan respetable en la película!
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: La trama, como supongo que también el libro en que se basa, es completamente falsa, y amén de falsa, estúpida. Basta la presentación de Napoleón en la casa de los Clary para entender la catadura del Napoleón que pretende hacérsenos colar. Resulta desternillante la presentación del personaje que, raudo como en el campo de batalla, se dispone a soltar sandeces e impertinencias una tras otra. La escena en el parque con Desirée es memorable en este sentido: «yo quiero que me den el mando del ejército de Italia para declararle la guerra a ese país en nombre de la Revolución, a mí, que salta a la vista que soy un hombre superior» (cómo si esa guerra no llevara años combatiéndose, torpemente por ambas partes, en respuesta a la agresión del Piamonte de los Saboya a la Francia revolucionaria). «El destino y yo, yo y el destino...» Más adelante, el aviso del propio Napoleón sobre su futura expedición a Egipto, como algo deseado por él (cuando más bien le dieron el mando para quitárselo de encima).
Por otra parte, el personaje de la Simmons es extremadamente ridículo. Bastan varios botones de muestra: A Bernadotte le ofrecen la corona sueca, y a ella lo primero que se le ocurre es decir: «¡Pero eso quiere decir que YO voy a ser reina, y no sé cómo vestir para la ocasión! ¡Qué contrariedad!» Tampoco le gusta que Napoleón le pida llevar el vestido azul en la coronación (todo un canalla, con lo poco que la favorece ese color). Cuando Napoleón vuelve de Rusia, tras la espantosa retirada que ha costado decenas de miles de muertos y que representa el peligro máximo para Francia, ¡a ella lo que le molesta es que venga sin afeitar a su casa! ¡Qué falta de decoro! ¡Cómo se le ocurre a ese gran hombre visitar a una ex-vendedora anónima de paños sin afeitar!
Ketamino 
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