|
Pudo ser
Desencanta, en parte: un inicio prometedor, ligero, que en pocas pinceladas delínea el retrato de la pareja de amigos en crisis. Atrapa la ausencia de estridencias, ese impulso algo despreocupado pero a la vez hábilmente punzante.
El desarrollo posterior se resuelve de manera cercana a lo calamitoso: un guión que parece someterse al más ramplón de los cedazos de blanqueamiento moral y conservadurismo, indigno de las directrices sugeridas en la primera media hora de metraje.
Al final, lo que la salva de la medianía más absoluta, son esas primeras intenciones, la frescura del personaje de Giamatti, aquel prudente, algo mañoso y creíble personaje que parece proyectar de manera un poco desesperada todas sus frustradas ambiciones literarias e intelectuales en su infatigable afición a catar mostos.
Salmar 
|