|
UNAS RISAS EN ELM STREET
No hay mucho que decir acerca de esta infame producción, sino simplemente recalcar cómo me partí el culo con mi amigo Thorsen cuando la vimos juntos, sobre todo con escenas como la de la lengua en el teléfono, o cada una de las carreras del amigo Freddie. La cutrería que desprende el film lleva, inevitablemente, a que uno la ponga a caldo entre carcajadas escandalosas, y a que nos planteemos si realmente los que la realizaron conocen sus limitaciones artísticas y tienen idea de la vergüenza ajena que pueden provocar aunque sólo sea en un espectador. Yo, la verdad, lo dudo.
Película que evidencia, una vez más, lo nefasta que fue la década del 80 para este nuestro querido 7º arte y, sobre todo, en el género que nos oscupa. De hecho, lo que más terror me provoca es la perspectiva de visionar sus secuelas que, según el vox populi, son peores que este cagarro de dimensiones catedralicias.
Un abrazo al amigo Freddie y decirle que, cuando quiera, se pase a tomar unas copas con nosotros y a echar unas risas, porque el pobre la verdad, lo que es miedo no causa mucho que digamos.
En fin, impresncindible película para corroborar lo apestoso del género en la época. Infumable desde el pitido inicial.
Sugerencias para aprovechar mejor su hora y media de proyección:
1. Deificar una ciruela.
2. Armar la germinación del poroto (como cuando éramos pibes).
3. Organizar y gestionar un campeonato de "Culo sucio" con los más ilustres vejestorios del vencindario.
Todo esto, sin duda, sería más productivo que sentarse a echar unas risas en nuestra querida Elm Street.
LEANDRO PINTO 
|