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Dostoievsky meets Homer Simpson
Se presenta como un thriller que, por momentos, guarda bastantes semejanzas con el cine de Guy Ritchie, especialmente Snatch. Tiene un toque parecido al cine de Tarantino, porque, obviamente, Ritchie bebía del cine del enfant terrible americano, y aquí queda patente ese sello, pero, a diferencia de estos, que utilizaban una situación que podría denominarse crítica para adentrarse en el humor, Escondidos en Brujas hace todo lo contrario y lo que comienza como una comedia acaba derivando en un estudio de personajes que hablan acerca de la existencia desde una visión absolutamente vitriólica y esperpéntica para terminar convertida en una película que se pretende oscura, y con un resultado absolutamente irregular, entremezclando acción, comedia, surrealismo y esperpento con el drama existencialista más elemental y, en ocasiones, básico y vacío, con un guión que no aprovecha todo el potencial debido a que la mezcla de escenas dramáticas y cómicas no es nada beneficiosa, personajes absolutamente planos y que acaba por dar la sensación de forzado durante todo el tiempo, en la que surgen varias líneas supletorias que nada aportan a la historia, y un clímax tan poco natural como cargante, a la par que bastante mal construido.
Martin Mcdonagh tiene una idea que parece bastante clara: cambiar la historia del thriller y hacerlo de la manera más inesperada por el espectador, darle un toque cómico al principio para empatizar con el espectador. Aquí está el primer error. Al estar planteada como una comedia, todo aquel elemento dramático que se le pretenda otorgar posteriormente a la película carece de fuerza dramática alguna, siendo finalmente un amasijo de escenas dramáticas en las que se intercalan gags que rompen con todo el entramado dramático que se pretende conseguir. La incapacidad de un realizador que busca la gloria con una historia que, finalmente se vuelve pura pretenciosidad al querer abarcar un estudio absoluto sobre la condición del hombre y el tormento que atraviesa el personaje de Colin Farrel, creación casi dostoievskiana que recuerda a Dimitri Karamazov por su vehemencia mezclada con su buen fondo y su humanidad, y a Homer Simpson debido a su carácter paleto y provinciano, aparte de tocapelotas. Con otro tratamiento, podría haber dado un gran resultado pero termina desbarrando en el último tramo de la película, donde las cosas suceden por puro albedrío y todo se torna en pura trampa y efectismo barato, buscando sorprender al espectador y, por qué no decirlo, dejar claro quien ha firmado esto.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Una idea interesante la de colocar Brujas como si de una pesadilla sacada de los brillantes cuadros de El Bosco se tratase y situar a los personajes en medio de su particular Luces de bohemia, una desvirtuada, bufonesca y fantasmagórica ciudad que recorren a modo de purgatorio y donde se debaten entre el cielo y el infierno por la culpabilidad y la injustificación de su trabajo como asesinos al tiempo que hacen turismo y beben pintas de cerveza, pero todo ello se pierde en cuanto el director quiere hacer que el drama supere a la comedia, y se equivoca en la mezcla
Si bien Colin Farrel está bien en la parte dramática, su vertiente cómica no está excesivamente desarrollada. Siendo cierto que tiene un par de momentos cómicos geniales, más bien por la idea que por su interpretación o por la construcción de ellos y su buen resultado dentro del guión, adolece de una falta de comicidad importante, más o menos igual que Ralp Phiennes, cuyo personaje es bastante plano y con muchos menos matices que el de ambos protagonistas, puesto que el grandísimo Brendan Gleeson, quien carga con el peso en muchas partes de la película, da un auténtico recital en un personaje muy hawksiano. Por contra, el resto de personajes apenas juegan un papel importante dentro de la cinta, quienes, a excepción del enano con delirios de grandeza interpretado por Jordan Prentice, verdadero caramelo de la película, habitan entre la mediocridad más absoluta, y cuya funcionalidad dentro de la historia, especialmente los de Clemence Posey y Jeremy Renier, es escasamente demostrable, siendo quizás un pegote romántico que hace que la película se torne pesada en demasía en ciertas partes, redundando en el hecho de que Brujas se muestre con un toque bizarro y surrealista. Otro problema está en las escenas cómicas. Hay dos grandes tipos en esta película, las que no ocurren de manera fluida y las que están mal desarrollada, dando la sensación de que el director le dice directamente al espectador: vamos, ríete, lo he hecho para eso. Animan bastante la historia, especialmente las primeras, pero dan constantemente la sensación de vacío, de evidencia, y de no saber mezclar tragedia y comedia a partes iguales, con algunos gags especialmente buenos cuando se juntan Gleeson y Farrel, pareja con gran química, y es que el resultado general es frío, terminando por convertir este refrito cinéfilo y cultural en un desfile de personajes atípicamente típicos que el director trata como si hubiera inventado un nuevo género, con situaciones que ocurren por libre albedrío, dejando al aire las debilidades de un guión que hace aguas en muchísimas partes, echando por tierra los sueños del director, porque, amigo McDonagh, eso de hablar acerca de matones con dudas existenciales ya lo hizo alguien hace, más o menos, 14 años, y se llama Pulp Fiction.
Tony Montana 
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