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La noche de las patrañas vivientes
Aún a riesgo de poder ser llamado inculto, a veces es una ventaja ver antes el remake (o como ahora pomposamente se le llama homenaje) que la película original, ya que esto permite no establecer odiosas comparaciones y apreciar la película por ella misma.
Dicho esto, y aunque el argumento y planteamiento casi teatral no suponen ninguna novedad, siempre es atrayente ver una película donde Steve Buscemi se erige en el maestro de ceremonias y más, si se va a producir una confrontación interpretativa con alguien que parece estar en las antípodas cinematográficas como es Sienna Miller.
Para que una película de esta índole funcione se debe sustentar en unos diálogos que sean ágiles e inteligentes, que las situaciones generen el interés suficiente como para enganchar al espectador y que, naturalmente, las interpretaciones estén a la altura, ya que el film se sustentará en dos únicos personajes que a la postre serán los que dotarán de realismo dramático al producto.
Pues bien, nada de esto ocurre; en lo concerniente a la batalla dialéctica todo es bastante pobre y resabido y consiste en el lanzamiento indiscriminado de puyas sobre la inteligencia, la belleza y la profesionalidad respectivas. Las situaciones sólo se encaminan a tratar de adivinar quién es más mentiroso, si la bella o la bestia, pero finalmente acaban por aburrir y sólo interesa saber si acabarán follando o no. Y respecto a las interpretaciones, pues Buscemi hace de intelectual cínico de vuelta de todo y con un poso de amargura, es decir lo de siempre. La Miller por su parte puede sorprender, sino fuera porque siempre queda la duda de si en realidad no se está interpretando a ella misma.
Personalmente el visionado de este film sólo me ha servido de utilidad para una cosa, desmotivarme completamente para ver el film original.
Lo mejor: Su arranque en el restaurante.
Lo peor: Lo que sigue y especialmente el continuo homenaje indisimulado a Theo Van Gogh
LennyNero 
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