Qué historia más hermosa y humana es la que construye Christoffer Boe! Qué forma de llegar al fondo de la naturaleza humana! Ese sentimiento que todos llevamos, de que hubiera sido si en tal o cual situación hubieramos actuado distinto. La magia, la delicada forma de presentar una realidad que, como el mismo advierte al principio, es solo una historia, una interpretación, pero aún así duele, y llega. ¿Quién no ha mirado o hablado alguna vez con una mujer (o un hombre) y le ha encontrado algo, algo muy íntimo para uno mismo, y ha deseado conocer más a esa persona, saber que se sentiría si la hubiera conocido? Pero esa persona se despide y no la vuelves a ver nunca más, solo queda en tu recuerdo, y esa dolorosa sensación de que hubiera pasado si la hubieras llegado a conocer... Esto en relación a Aimee, y en cuanto a Alex, esa mirada a una posible vida distinta con la misma persona, Simone transformada en Aimee, con la correspondiente desestructuración de su realidad.
Mágica película, me llegó al corazón. Solo hay pocas películas de las que he visto, que, para mi gusto, la igualan. Si pudiera le pondría un 11.
spoiler:
Y con qué delicadeza Christoffer Boe analiza estos sentimientos no en una, sino que en tres personas, cruzando las historias de Alex y Simone/Aimee (la misma actriz, María Bonnevie) con el que escribe estas historias, August. Él (Boe a través de August) es el que realmente siente, y al que le duele!
Christoffer Boe juega con distintos niveles de realidad, construye un universo paralelo, lo destruye y reconsruye en el mundo real de estos imaginarios personajes. Clave ese esa palabra, 'adiós', que al final le dice Aimee a Alex.
Y también, si os fijais, la alocución sutil que al final del film se hace al mito de Orfeo, en el cual, en este caso, a Alex el escritor le da una última posibilidad de seguir con Aimee en un mundo paralelo, pero el duda, mira para atrás, y la pierde.