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Tito Scott, los soldaditos, la bazofia, los malosos y el videoclip.
En un acto de valor gratuito e incomprensible, me atreví a dar otra oportunidad a Tito Scott como ya hiciera con Gladiator y Un buen año con desiguales resultados. Y bueno, casi muero en el intento, pero al menos me siento ahora en plena disposición para afirmar que esta película (por llamarle de alguna forma) es una mierda mayúscula.
Con Black Hawk derribado, Tito Scott, posiblemente el director más sobrevalorado de la estela americana de las últimas décadas, nos sirve en bandeja otra oportunidad de sufrir su absoluta decadencia como director. La cosa pinta así: Un montón de soldados entran en Mogadiscio en una misión de Paz de la ONU. Los malos de la película, en un acto de acogida espléndido, la armarán gorda derribando un Black Hawk. Y como los soldaditos, monísimos todos y sensibles y buenos, no dejan a nadie atrás, tendrán que ir a ver si hay supervivientes, comandados por un Josh Hartnett que el pobre, como es inexperto, pues nos da mucha penita. Y ya. Hasta aquí bien. Con una premisa simple se nos plantea una oportunidad de disfrutar del patético afán videoclipero del Tito en un ambiente violento y blablablá. Y hay que reconocerle como mayor acierto la consecución de ese lío de soldados en un escenario simple, por su sencillez. Pero es que el resultado es una bazofia indecente.
En ese caos de filtros computados y ketchup, los soldaditos sueltan frases abominables y se salvan de las balas de los malosos como Rambo en la selva. Y es que lo peor de todo son los malosos, que el Tito pinta como ratas que aparecen a miles y de todas partes, mero decorado que no da su opinión, bestias asesinas, pasto de las (certeras) balas de nuestros soldaditos. Algo así. Y hay una ignorancia supina en este tratamiento, porque no creo que la intención sea esa y sin embargo el fondo es como poco racista. Pero claro, se nos intenta demostrar lo contrario metiendo a un negro entre los soldaditos, lo que no, no da el pego. También, como no podía ser menos, con un poco de música bonita y nuestros héroes muriendo, se nos trata de hacer llorar. A mí, la verdad, nunca me ha dado ninguna lástima ver cómo los personajillos del Counter Strike mueren. Y entre batallita y batallita, con unos planos en movimiento muy chachis, se nos muestra a los jefazos dictando órdenes entre graves luchas morales internas lo que rompe cualquier capacidad de ritmo de la historia.
Pero en fin, fuera de todo esto, se supone que la historieta le tiene que servir a Scott como excusa para dejarnos con las patas vueltas con su estética molona, cosa que tampoco consigue: todo huele a falso y tonto y barato en las cámaras lentas, los picados y los filtros. Como si Scott se burlara del cine y lo redujera a un simple espectáculo de fuegos artificiales.
SIGUE EN SPOILER
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spoiler: La música y el polvo son sólo pretextos para intentar tapar el vacío absoluto de sentimiento con que está resuelta la cinta. Y a ratos lo consiguen, sí. Pero cuando en el último tramo los soldados tienen que volver andando a la base, en esa aparatosa y risible escena de reconciliación con la sensiblería y la moralina necesarias en cualquier filme de Scott que se precie, cuando llega el último tramo ya no hay música ni polvo que puedan tapar el desmoronamiento de una película tan idiota como el cine de este director en los últimos años. Abominable.
bela lugosi ha muerto 
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