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Las cine en punto.
Tic, tac, tic, tac.
La técnica, precisa, seca, milimétrica. Atención al montaje. Si bien está a un paso del abuso formal en algunas transiciones, no llega a cruzar la línea (se agradecen algunas de esas bofetadas cinematográficas).
Tic, tac, tic, tac.
La trama, precisa, seca, milimétrica. Avanza con los personajes en sutil crescendo. Sólo un derrape final, probablemente impuesto, le niega la perfección.*
Tic, tac, tic, tac.
El desarrollo de personajes, preciso, seco, milimétrico. Podemos oír sus pensamientos gracias a la imagen. Quizás algunas escenas de la madre o la alumna redunden un poco en lo que ya hemos entendido por otros medios.
Tic, tac, tic, tac.
La atmósfera, precisa, seca, milimétrica. Remite al cine negro. Su turbio fondo moral que empapa también lo formal en un proceso de retroalimentación intensísimo.
Tic, tac, tic, tac.
La crítica social, precisa, seca, milimétrica. También está ahí. Aunque sea lo que menos me interesa no está metida con calzador, no resulta burda o maniquea ni es el único motor de la obra.
Tic, tac, tic, tac.
Oyes el sonido incesante de un mecanismo de relojería oculto, oprimiéndote el pecho. ¿Qué anuncia? ¿Algo va a estallar? ¿El tiempo se agota?
Tic, tac, tic, tac.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: *La trampa de la moralina: quien peca recibe su castigo en forma de justicia poética. El coche derrapa y con él las ansias culpables del espectador, que quiere que María José se salga con la suya. Un azucarillo y para cama.
Entrañable 
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