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Las tetas de Cámara
No, la Verdú no las enseña. Pero Javier sí, así que la ración de tetas frecuentes en las películas de cine español están en estos girasoles invidentes.
Y José Luis Cuerda, es un tipo grande, simpático y agradable, pero aquí ha patinado. Se maneja bien en el plano técnico y, desde luego, podría haber sido mucho más aburrida, pero no tiene alma, no hay pasión, no me creo como el diácono se deja llevar por la lujuria. Quizá, el principal fallo sea el guión que ha escrito el gran Azcona. Los personajes están mal trazados y desarrollados, no me creo a Raúl Arévalo y me resulta cargante, la parte de los dos chiquillos que se fugan es floja, floja y Javier Cámara merecía tener más minutos en pantalla porque su personaje es crucial.
El final resulta precipitado, estúpido, como si tanto Cuerda y Azcona tuvieran prisa por terminarla y tuvieran que buscar la salida más fácil. Quizá en el libro esté bien resuelto, pero desde luego, visto en pantalla no, resulta un poquito demencial. Tiene sus momentillos, eso sí, y el chiquillo pequeño no me repele, pero Cuerda podría haber sacado mejores cosas de esta adaptación.
Pataliebre 
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