|
La sencillez es casi siempre una virtud; aquí no
Creo recordar que, en su momento, se alabó y se le dio mucho bombo a Días contados. Ha pasado bastante tiempo, y hasta hoy no había podido verla. Tenía grandes expectativas en ella; esperaba un thriller sólido, duro, que aprovechara su excelente reparto como se merece. Por mi voto adivinaréis que poco de eso encontré.
Para empezar, Días contados no tiene suficiente historia como para llenar hora y media de pantalla grande. La trama es débil y necesita de muchos subterfugios para aguantar el tirón. En un pretendido intento por dibujar un fresco urbano, aparecen policías corruptos, putas, yonquis, traficantes, etc., lo típico en el cine español. El problema no es que aparezcan, sino que su aparición no sirve para nada, ni siquiera para disfrutar de alguna buena actuación (salvo, quizá, Bardem, en un corto papel).
La historia entre los personajes de Carmelo Gómez y Ruth Gabriel es endeble y a ratos aburrida, carente de tensión, ni siquiera cuando se descubre la verdadera identidad del primero. Ahí alcanza la historia un punto tremendista que me gusta poco, sobre todo en el final, que además es bastante previsible. Una historia que tal vez quiera hacer de su extrema sencillez una virtud, pero que al final deja cierto poso de insatisfacción que proviene seguramente de esa trama tan dispersa, que no concreta el camino que va a seguir. Es una historia inflada, en pocas palabras, un cuento que quiere ser novela. No me llenaron ni la trama ni las actuaciones, totalmente funcionales, y alguna incluso ridícula (la de Karra Elejalde). Decepción es la palabra, salvo quien busque una buena ración de tetas: ahí hay una buena razón para verla.
juanantlopez
|