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Ethan y Julie no se casarán (al menos por el rito cuáquero)
JESSE: Ven conmigo. Bla, bla, bla.
CÉLINE: (¡Sí!) No sé si debo. Bla, bla, bla.
JESSE: Conoceremos Viena, la nuit. Bla, bla, bla.
CÉLINE: (¡SÍ!) Vale. Bla, bla, bla.
Etc.
La película es bonita, bonita, con un par de personajes veinteañeros guapos, ingenuos, simplotes y entrañables. Se pasean, hablan, arreglan el mundo, hablan, descubren una más que improbable Viena nocturna, hablan, se dejan engatusar por todo bicho viviente del subgénero NoctámbuloLumpenConSuCorazoncito, hablan, se revuelcan (¡no sólo de palabras vive el hombre!), hablan y... ¿si te he visto, no me acuerdo?
La dirección, magistral. Los actores, tiernísimos y convincentes (da gusto verlos). Los diálogos: nocturnos, banales, románticos, intranscendentemente transcendentes, simpáticos y ñoños: filosofeo de pareja. En fin, no seré yo quien niegue haber caído alguna vez en ese vicio inofensivo.
JESSE: En las bodas cuáqueras los novios deben permanecer una hora mirándose en silencio.
CÉLINE: (Bésame, tonto) ¿En silencio?
JESSE: Sí, en silencio. Y, pasado ese tiempo, ya están casados. Bla, bla, bla.
CÉLINE: (¿Vas a besarme o qué?) ¡Qué interesante! Bla, bla, bla.
VENUS Y CUPIDO (al alimón): ¡Queréis besaros de una vez!
JESSE Y CÉLINE (se besan mientras hablan): mmmmm, bla, bla, bla, muak, bla, bla, bla, mmmmm, muak, bla, bla, bla.
¿Qué decías?
Servadac 
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