|
¿Me promete que iremos allí a acabar con él?
Admitámoslo, de la película original que dió lugar a la saga y la secuela que nos ocupa, no se puede decir que una de ellas sea superior a la otra por tratarse de géneros aunque emparentados diferentes. Si en la primera nos encontrabamos ante una obra maestra del cine de terror psicológico y claustrofóbico, la que nos ocupa ahora es posiblemente la obra maestra del cine de acción sci-fi con tintes de terror. Siendo ambas obras maestras en sus respectivos géneros seria injusto calificar de mejor una u otra.
Ripley encarna la obsesión, la pérdida, a veces el histerismo y siempre el miedo a lo que ella sabe y los demás se niegan a creer tratándola como a una perturbada.
Siendo una película coral, los demás personajes no son meros acompañantes si no que están a la altura de la protagonista tanto interpretativamente como en cuanto a su contenido, estando cada uno perfilado perfectamente. Así tenemos a los marines, a los que iremos cogiendo cariño en la primera parte de la película, con Hicks el valiente, Hudson el payaso, Vasquez la dura, Ghorman el teniente inepto aunque noble o el irónico sargento Apone. Burke, el chupatintas de la compañia dispuesto a matar por su porcentaje, Bishop, síntético pero no estúpido, o la niña Newt que quizás encuentre una nueva madre.
Este elenco de tan variados personajes desata durante el metraje una sinfonia de acción desenfrenada in crescendo como nunca antes fue vista, creando un deleite visual de puro entretenimiento y espectaculo. Pese a que en un principio la historia parezca la excusa para poner en movimiento ésta máquina, esta impresión desaparece pronto al descubrir escena a escena las sorpresas del trepidante guión y el trabajo de caracterización de los personajes.
Y no solo es un deleite visual el que nos ocupa, si no que precisamente es este mismo guión el que nos deja toda una colección de frases míticas, algunas veces drámaticas ("Siempre fue usted un loco Ghorman"), payasescas ("¿Dónde hay una cabina para llamar a mi madre?") o emotivas como son en general las escenas de Ripley y la relación con la niña y el cabo Hicks.
En definitiva, una reivindicación de que el cine palomitero también puede ser grande, sobretodo en su versión del director, siendo esta la película que consagró definitivamente la saga y abrió el camino a otras secuelas más irregulares... interesante la tercera cuando se le pilla el punto, sobre todo la versión integra, y pasable la cuarta aunque el lo que quiera que sea que sale (los que la hayan visto ya sabrán a que me refiero) aún me provoque ardor de estómago.
"A ella tampoco le gusta el pan de maíz"
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
Ver todo
spoiler: La más memorable escena la de la entrada de los marines al nido, rodeados de bichos se meten hasta la cocina sin enterarse y luego tienen que salir por patas... los que pueden.
LordLeal 
|