Quienes duden todavía de que la música forma parte de nuestra vida como una banda sonora original y personalísima, harían muy bien en visionar esta astuta y originalísima película. Además de la magistral e insuperable interpretación del anti-héroe John Cusack, sus compinches en la tienda de discos de marras (vinilos, para más inri) bordan sendas actuaciones, especialmente Jack Black, que da forma al típico listillo snob que escucha discos supermegaexclusivos de coleccionista y huye de las radiofórmulas. Melómanos empedernidos no dudarán en ponerse de parte de él.
spoiler:
Antológico el momento en donde echan a un cliente de la tienda por haberse atrevido a pedir el disco "I just called to say I love you", de Stevie Wonder; o cuando Cusack pone un vinilo de The Beta Band y dice "Voy a vender cinco copias de este disco". Por no mencionar la escena en donde se niegan a vender un disco a otro cliente por snob (algo que ellos son al cuadrado) y se lo encasquetan a mitad de precio a un amigo que estaba por allí.
El final del filme es espectacular: no creo que haya tantos momentos tan sinceros en el cine cuando Cusack sentencia al final que "está aprendiendo por fin a grabar un buen recopilatorio" para alguien muy especial. Se trata de un momento muy emotivo que huye de esa cursilería tan bogante en las películas actuales. La música le ha servido para evolucionar, reconocer sus errores e intentar enmendarlos.