|
La vida que él no tenía.
La vida de los otros, o la que él no tenía. Quizá es por ese motivo que HGW actúa del modo que actúa durante toda la cinta, mostrando la debilidad que le reportan unos seres que ofrecen muestras de lo que él nunca podría llegar a alcanzar completamente, ya fuese por unas cuestiones u otras.
Su mirada perdida, su rostro sosegado y sus andares repletos de pesadumbre le delatan. Hauptmann es el último rincón recóndito de la naturaleza humana, donde los sentimientos empezaron a confluir pese a su aspecto agrio y el ser tomó posesión de todo aquello que le hacía verdaderamente humano. Frágil y delicado, como cualquiera de nosotros.
Aunque tras ello, destaquen otros temas como el cinismo de las altas esferas, la búsqueda de un segundo refugio o el cuadro que nos sirve el cineasta alemán sobre esa epoca, todo descrito a través de una narración sobria y concisa.
Su mejor respaldo, Ullrich Mühe, logra transmitir con sapiencia y sabohacer el desazón de un personaje que, llegado a determinado punto en su vida, ha optado por tomar una vía más reflexiva e inteligente que el resto de sus camaradas.
En cambio, y tras el aspecto pensativo de uno de sus dos protagonistas, el cineasta debutante en la gran pantalla, opta por ofrecer una amplia variedad de caminos por los que discurrir y acercarse a su obra, aunque probablemente sin dedicarles un gran trazo, si llevando los diversos retratos de modo compacto y sereno.
La composición, austera y serena, es el perfecto acompañamiento para una obra que no cede a la precipitación por narrar una historia ya de por si larga y que posee un ritmo magnífico.
Acierta también cuando traslada a la pantalla los momentos de mayor repercusión, dotándolos de una profundidad que roza la magnificencia y algunos diálogos verdaderamente intensos, además de no caer en ningún instante en excesos lacrimógenos.
Entre todo, Sebastian Koch demuestra tras "El libro negro" que este ha sido su gran año, aportando aquí entereza a uno de los mejores personajes del film. También atinan Martina Gedeck y la pequeña partida de secundarios que les acompañan.
Cuando las palomitas se apartan y dejan paso al cine de verdad.
Grandine 
|