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Un Russell Crowe maravilloso.
Se ha dicho que el film no retrata perfectamente la historia de John Nash, que se omitieron o agregaron aspectos irrelevantes, pero eso no importa, ver el la interpetación de Crowe es una satisfacción perdurable.
Es lo que hace de este film, dirigido por Ron Howard, algo inmejorable, elegante y soberbio. El hecho de que la historia cae ante unos personajes en gracia; Una, como siempre, bellísima Jennifer Connelly (que preciosos ojos tiene) que aturde con su papel (aunque aun siento la curiosidad de porque ganó un Óscar por este papel y no por el de Requiem for a Dream), un lujoso y excelente Ed Harris, unos secundarios correctos de gran talla como Christopher Plummer y, más por debajo, Josh Lucas, Adam Goldberg y el notable Paul Bettany. Por último dejo a Russell Crowe (también incomprensible la premiación de este por Gladiador y no por este film), quien deslumbra poderosamente, está excelso, tan convincente, como alguna vez fue Sean Penn como Sam (Yo soy Sam), Dustin Hoffman (salvando comparaciones) como Raymond (Rain Man) y, en años después, Adrien Brody como Noah Percy (El Bosque).
Se secunda una imponente música, en veces, tranquila pero no por eso aburrida. El guión, (medio)biopic, es muy bueno y la fotografía roza la genialidad.
En fin, es una maravilla recomendable. No solo por ser una buena historia con una interesante narración, sino también para presenciar a Crowe en estado de gracia y, porque no, al tándem Connelly-Harris, no porque exista alguna relación entre este par (durante el film), sino que son de mis actores favoritos, y Ed Harris de muchos.
Saludos.
Fingers 
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