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La presuntuosa intrascendencia de lo cool
Es indudable que el talento es algo innato. Lo que marca la diferencia es que hay quién no cesa de trabajar para pulir sus habilidades, para así llegar a sacar mayor partido de sus capacidades, otros en cambio, se dejan caer por la pendiente de la desidia, provocada sin duda por la autocomplacencia y quizás la adulación exagerada.
Esto último es lo que probablemente le haya pasado a Wes Anderson en esta película. No es que de repente se haya olvidado de hacer cine, su dirección de actores sigue siendo impecable y su gusto por otorgar colorido a sus películas como continua metáfora de los estados de ánimo sigue estando presente. El problema es que, en sus otros trabajos se basaba en una sencilla base argumental para dejarla fluir de forma natural, y así llegar a un mensaje casi filosófico sobre las relaciones interpersonales. Y aquí deja demasiado a las claras que pretende ser trascendente, y esa pretensión suele llevar, como es el caso, a la pretenciosidad que no deja de ser el camino más fácil para aburrir al espectador y anular cualquier sensación de interés por lo acaecido en la pantalla.
Aunque el estilo Anderson esta continuamente presente en todo el metraje, se nota que ya empieza a estar un poco gastado y que necesita una renovación urgente. Quizás sea eso o que sencillamente el tono surrealista, o lo que los pedantes llaman poshumor, no acaba de encajar. Pero quizás lo que definitivamente lastra el film, es la sensación de que Anderson nos está indicando en todo momento cuales han de ser nuestros sentimientos y sensaciones, cuando nos toca reir y cuando llorar. Para ello usa y abusa machaconamente del subrayado musical en los momentos presuntamente emocionantes, lo que produce precisamente el efecto contrario: convertirlos en cargantes y predecibles.Y junto a todo ello la sensación de estar abusando continuamente de tópicos, sea en los roles de los personajes, como en todo lo referente a la busqueda de la espiritualidad en la India.
A pesar de todo quizás la culpa no es del todo del director, quizás parte de la responsabilidad la tienen toda la pléyade aduladores de lo indie que vieron en Wes Anderson a un nuevo mesías del cine. O quizás es que se ha sobrevalorado en demasía su obra. Lo que está claro es que, a pesar del pequeño tropezón que supone este film, Anderson promete. Lo que ya no me parece tan claro es sí alguna vez dejará de ser una promesa para pasar a ser aquello que muchos esperamos de él y su talento: ser uno de los mejores directores del panorama cinematográfico actual.
Lo mejor: Su trío protagonista.
Lo peor: Sus ganas de querer ser trascendente.
LennyNero 
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