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El contrato basura
La América con principios y sanota (John Cusack, padre abnegado, viudo doliente, ciudadano ejemplar –entrena un equipo adolescente de béisbol, con eso ya está dicho todo–) se enfrenta a la América desorientada (su hijo «fuma hierba», para usar el eufemismo del doblaje) y también debe enfrentarse a la América corrupta (Morgan Freeman, un asesino a sueldo que se cruza en su camino por la ocurrencia de un guionista bromista). Tenemos, pues, la típica película americana de conflicto generacional, de intriga político-criminal y de persecución, todo en una y naufragando solemnemente en los tres frentes. Cine tóxico que se puede ver en los trenes de la línea Madrid-Gijón.
Un asco.
Macarrones 
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