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Película fofita.
Floja más bien; enternecedora. Con un final rebosante de almíbar. En todo caso, película exclusivamente para niños a los que les gustará.
Fofito hace de bueno, claro. De buenísima persona. De filántropo al estilo de su famoso hijo Emilio que se dio a conocer gracias al honrado trabajo de su padre y sus tíos. ¡Qué bien supo luego ir tomando las riendas del negocio e ir quitándose de en medio a todo el que le molestaba!
Los malos de esta historia son el director del colegio y su secuaz, Márquez. El director quiere hacer negocio a costa de los huerfanitos de la Fundación Fofito y cargarse a los profesores que quieren de verdad a los niños. Entre los niños está Carlitos, un as del balón que jugará la final del mundialito infantil.
Todo el argumento es de lo más encasillado.
El caso es que la producción musical corre a cuenta del señor Emilio Aragón, el ente diabólico, el payaso de las pesadillas, el millonario mafioso que ha creado un imperio a lo Spectra, el que se cree muy gracioso haciéndose el simpatiquillo en la tele, el ejemplo de ciudadano progresista, el papá modelo de familia telerín que vive en adosado de lujo.
El maravilloso cantante, actor, músico, presentador, empresario, benefactor de la humanidad… Benefactor de todos los pelotas que le rodean, de todos menos de uno que no le fue tan bien, familia suya. Emilio Aragón, uno de los tíos más siniestro de este país, y mira que hay.
Se ve que seleccionó esa mierda de musiquilla para la película y de paso enchufó a su papá Fofito para que trabajara en ella.
fantomas 
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