Woody Allen no sólo alcanza la perfección cómica sino que se zambulle en ella, se regodea en su propio genio. Construye una comedia al estilo de los grandes clásicos, llena de personajes memorables y situaciones increíblemente bien engarzadas. El mecanismo de comedia se engrasa mediante unos grandes actores, entre los que destaca Dianne Wiest como una carismática y arrolladora estrella del teatro venida a menos que pronuncia frases como martillazos. Sólo por ella la película alcanza grandes cotas. Si a esto le sumamos un guión preciso que envidiaría Billy Wilder, repleto de situaciones inesperadas y un humor muy inteligente, obtenemos una gran comedia y una de las mejores películas de Allen.
Imprescindible verla en VO, por favor. Como siempre.
spoiler:
Lo del "¡no hables!" debería ser enseñado en las escuelas de cine como ejemplo magistral de comicidad basada en la recurrencia.