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Pensándolo bien, Malasaña no es tan diferente de lo que aquí vemos
No creo que haya que ver a los amos de la noche como un reflejo social de nada. Quizá por la oscura ambientación y la atmósfera de violencia y, sobre todo, de inseguridad, que se respira, aún cuele. Pero no es cuestión de meterse más en camisas de once varas.
Yo lo veo como una trivialización (y hasta una parodia) de un tema tan serio como es el de las bandas callejeras. Nadie con dos dedos de frente se puede creer que en lugar de unos Latin Kings, se pudiera sentir acosado por unos fantoches de traje fucsia que parece que vayan a rodar un anuncio de Kalia si acaso. El señor Hill le quita hierro al asunto, y rueda un historia con personajes variopintos, coloridos y extrañísimos como si fuera un épica odisea moderna, en la que el honor, la amistad y las rivalidades se dan cita. Vamos, que lo exagera como quiere, le da un vuelco a la realidad en ciertos puntos y en otros los deja tal cual, como un retrato realista.
Y lo cierto es que funciona. Es una peli de aventuras de esas que se ven de crío y que de más mayor puede retrotraerte a buenos momentos de la infancia, y recuperar tu Kid o Teen Spirit, que siempre es algo bueno. Es muy violenta teniendo en cuenta su tiempo y la edad con la que se suele ver, pero vamos, las críticas a los trastornos asesinos que provocan se lo dejo a los de Antena 3, que se les da bien y gustan de hacerlo, aunque más con videojuegos (nunca está de más meter un poco de pulla).
Protas que caen simpáticos (el mejor era Ajax), frases tan cachondas como mortales («Te voy a meter el bate por el culo para que te conviertas en un polo»), mucha acción e intensidad, una exageración que funciona a las mil maravillas, delirante vestuario que mola un huevo, una estética setentera/ochentera con esas musiquillas repetitivas que acaban molando, y un halo épico y hasta mágico realmente genial.
Erizio 
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