Lauzon se aleja de los tópicos del cine norteamericano. Cautiva y estremece. Entrega el alma.
"Ese día comprendí que el miedo habita en lo más hondo de nosotros y que ni una montaña de músculos ni un millar de soldados podrían hacer nada para remediarlo."
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Léolo es una historia excepcional, como la interpretación de ella que oí en una ocasión. Un compañero me contó que alguien vio en la cinta lo siguiente…
spoiler:
Léolo es un niño que sueña, un artista que respira, un alma libre y apresada en medio de una sociedad que apesta. Su padre desea que pase por el aro, que cague como debe. Que sea un eslabón de mierda más en la cadena fecal que forma el mundo biempensante.
Léolo se evade de la realidad por medio del sueño y la poesía. Lleva en sí el germen de Saturno. No estará loco mientras pueda imaginar.
Léolo se resiste. Sus familiares, uno a uno, caen en la locura. En la locura de ser parte de las heces. El sistema se los traga y hace de ellos ciudadanos respetables. Despiertos. La sala principal del manicomio no es más que el ruedo cotidiano, la casa de los hombres sin poesía, la propia sociedad. Mientras Léolo sueñe y dome versos, estará a salvo su consciencia.
Léolo se resiste y, finalmente:
« Je ne rêve plus. »
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[para Morelli, Travis y lyncheano, domadores de versos]