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Espigando realidad
Genial. Agnès Varda participa en su propio universo fílmico, y espiga el más mínimo resto de singularidad visual y narrativa. De hecho, el espíritu del documental bordea el 'modus vivendi' de los espigadores, y rebusca lo útil y maravilloso en aquéllos pedacitos de realidad que pasan indiferentes para la mayoría. Además, como ella es capaz de atrapar y de hacer que el dramatismo parezca simpático, la película termina bebiéndose de un sorbo agradable y, por momentos, conmovedor.
Dravot 
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