|
La revolución de los Marx
Suelo ser muy rácano en lo de poner dieces. Pero con los Hermanos Marx no existen medias tintas: o no los conoces o los adoras, porque no tengo otra explicación a esta cuestión. Espero que los modernos se acerquen a la brillante filmografía de estos señores porque no saben lo que se pierden. Se encontrarán con un cine de muchísimos quilates, sin fecha de caducidad, que sigue conservándose tan fresco como en los años 30. Porque las auténticas obras maestras son para siempre.
Afortunadamente mis viejos compraron un pack de estos geniales artistas cuando yo era un niño, y fue gracias a sus excelentes películas que pude amar el cine clásico más maravilloso de Hollywood. Gozaba con las tardes llenas de magia, humor anárquico y de un ingenio asombroso a más no poder. Esto es, surrealismo del bueno. Casi celestial, diría yo.
Personajes tan únicos e inclasificables como Groucho, Chico y Harpo son parte de la historia del cine. “Sopa de ganso” es una de sus mejores películas, junto con “Una noche en la ópera” y “Un día en las carreras”, aunque la mayoría de la gente prefiera esta desternillante comedia antibelicista por una razón más que evidente; no tiene momentos musicales y eso los cinéfilos lo agradecemos.
Me río yo de Charles Chaplin y sus lameculos snobs. Decir que amas a Chaplin es como decir que David Lynch hace surrealismo del bueno. Y todo por querer aparentar ser un cinéfilo de pro y entrar en la secta de los gafapastas. Pues ya sabéis, a chupar banquillo, que más punky que Groucho no ha existido en el cine. Él es el gran hombre. La persona más cuerda que ha pasado por el séptimo arte, sin lugar a dudas. Los demás son los locos.
En definitiva, que los Marx son los únicos judíos que me caen de puta madre. Algo positivo también han hecho los jodíos. Imprescindible amar a estos artistas.
Kriza 
|