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Chúpame la mente cable
Aquellos maravillosos años...ainsss...donde papá, la abuela, el hermano, la hermana, el perro, el canario y algún amigo enchufado se ponían a ver la tele en la sobremesa. ¡Mahoney! Se escuchaba desde la cocina. Y mamá venía corriendo y decía aquello de: "¿otra vez están echando la de los policías?". Y se quedaba con nosotros a disfrutarla entre tortas de aceite y pastas. Con la comida en el esófago aún, y algo de ardentías, pasaban las horas en el sofá.
Y de eso, precisamente, vive el hombre. Y por eso, precisamente, nos encanta el cine. Y es que eso, precisamente, hace que adoremos películas que son una bazofia y las recordemos el resto de nuestros días. Porque hoy, cuando la vemos, muchos de los que solían sentarse en el sofá ya no están, ni tampoco las tortas de aceite; todo se ha perdido y sólo queda este débil recuerdo de una tarde de domingo.
Tatatatatatatatata. Todos los policías se ponen a cubierto ante el sonido de un tiroteo. Es Jones haciendo una demostración a Mahoney de sus habilidades. Pero Mahoney está muy ocupado intentando que el capitán Harris le expulse de la academia, donde por una nueva normativa han llegado a parar individuos como Tackleberry, psicótico amante de las armas, o Hightower, florista empedernido enemigo de la injusticia. Todos ellos, entre muchos más, viven locas y divertidas aventuras, con momentos memorables como el discurso del comandante Lassard, las disparatadas clases de conducción de Hightower o los tangos de dos de los cadetes en La Ostra Azul.
Señoras y señores, Hugh Wilson les invita a pasar una hora y media de diversión, culos y pezones incluidos, para toda la familia. Si no tienen nada mejor que hacer y no les importa quedarse en casa en compañía de la caja tonta, cojan ganchitos o cereales de chocolate y ¡a pasarlo bien!
Una_de_ellos 
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